Hay destinos que conocemos por sus lugares más famosos. En Fiambalá, provincia de Catamarca pensamos enseguida en las termas, las dunas de Tatón, la Ruta de los Seismiles o la Ruta del Adobe. Y sí, todo eso forma parte de la experiencia.
Pero cuando uno se queda un poco más, aparece otra Fiambalá.

Una Fiambalá de antiguos caminos mineros y senderos del Camino del Inca, de pequeños pueblos, sitios arqueológicos, termas naturales a las que no se llega simplemente siguiendo un cartel y paisajes que cambian completamente cuando uno deja atrás los circuitos más conocidos.
Para descubrirla, hay algo que hace una diferencia enorme: recorrerla con alguien que conoce el territorio.
Y eso fue justamente lo que conversamos con Paul Barrionuevo, guía local de Fiambalá y responsable de Paul Mountain Experience, con quien ya habíamos hablado en Viajero Frecuente y que volvió a mostrarnos esa otra cara de uno de los destinos más interesantes de Catamarca.
Cuando el camino también es parte del destino

Una de las propuestas que más llama la atención es la posibilidad de hacer travesías de varios días que unen lugares a través de antiguos caminos. Por ejemplo, el recorrido entre Fiambalá y Londres permite conectar la Ruta Nacional 60 con la Ruta Nacional 40 atravesando las sierras de Fiambalá y la sierra de Zapata. No es un camino asfaltado ni una excursión convencional.
Son senderos que fueron utilizados durante siglos y que en distintos momentos tuvieron relación con los pueblos originarios, el Camino del Inca y también con la actividad minera y el traslado de animales. La travesía puede durar alrededor de cuatro días y contempla jornadas de caminata y campamentos. En algunos sectores todavía pueden verse antiguas estructuras del camino, con piedras acomodadas en zonas de precipicios y hasta sectores que recuerdan a las escalinatas de los caminos andinos.
Y ahí el paisaje deja de ser solamente paisaje.
Cada sendero empieza a contar una historia: por dónde se trasladaban los animales, cómo se conectaban las poblaciones, qué minerales se extraían y cómo se movían las personas por este territorio mucho antes de que existieran las rutas que conocemos hoy.
También hay otras travesías, como la que conecta la zona de Casa de los Grandes con Palo Blanco, vinculando sectores de la Ruta de los Seismiles. Antiguamente estos caminos eran utilizados por arrieros y viajeros que llevaban mulas, vacas, burros y ovejas hacia Chile.
Hoy vuelven a recorrerse, pero con otra mirada.
No hace falta hacer una travesía de cuatro días
Y esto también es importante, porque no todos tenemos ganas de cargar una mochila, dormir en carpa y caminar durante varias jornadas.
Por eso, entre las propuestas de Paul Mountain Experience también hay excursiones de medio día y de una jornada completa.
Una de ellas lleva hasta Loro Huasi, donde se pueden conocer antiguas terrazas prehispánicas de cultivo. Allí quedan rastros de cómo los pueblos que habitaban esta zona trabajaban la tierra y manejaban el agua.

Otra propuesta es un sendero geológico ubicado frente al Cañón del Indio. Allí se pueden observar formaciones relacionadas con el choque y plegamiento de las placas tectónicas, con estratos que quedaron prácticamente en posición vertical. Para quienes disfrutan de la geología, es de esos lugares donde el paisaje empieza a tener otra lectura.
También está el Cañón del Algarrobal, a unos 30 kilómetros de Fiambalá, con formaciones modeladas por la erosión del viento y el agua.
Y hay más opciones: senderos por quebradas, el cerro Punta Colorada, circuitos de mountain bike, sitios arqueológicos y antiguos sectores mineros como la Quebrada de los Ratones y la Quebrada de los Árboles, donde todavía pueden encontrarse restos de galerías, socavones y antiguos campamentos construidos en piedra.
Incluso algunas de estas propuestas pueden combinarse con almuerzo y merienda en el camino para pasar prácticamente todo el día en la montaña.
Una Fiambalá también termal, pero mucho más salvaje

Si hay algo que llamó mi atención durante la charla fue descubrir que, además de las conocidas Termas de Fiambalá, existen otros lugares termales mucho menos visitados. Paul nos contó sobre las Termas de los Hornos y Termas de los Baños, ubicadas en el cordón de San Buenaventura.
El acceso actualmente requiere vehículo 4×4 y los caminos están siendo mejorados, justamente para facilitar el ingreso. Pero la experiencia es completamente diferente a la de un complejo termal tradicional.
Acá no hay grandes construcciones ni piletas de cemento. Son piletas naturales formadas por el paso del agua a lo largo de los años, con temperaturas que pueden rondar los 35 a 37 grados. Y justamente por tratarse de ambientes naturales, conocerlos también implica asumir una responsabilidad. En la zona hay lagunas donde se pueden encontrar flamencos y otras aves, además de sitios arqueológicos y restos que forman parte de la historia del lugar.
No llevarse huevos, piedras, objetos arqueológicos o cualquier otro elemento que encontremos puede parecer una cuestión menor, pero no lo es. Que algo esté ahí no significa que podamos llevárnoslo como recuerdo. El mejor recuerdo de un lugar muchas veces es justamente dejarlo tal como lo encontramos para que otra persona pueda descubrirlo después.
El guía como parte de la experiencia
Hay una frase de Paul que me parece que resume muy bien el espíritu de estas propuestas: la importancia de trabajar con guías que conozcan realmente el territorio.
Y en Fiambalá esto no es un detalle.

Estamos hablando de montaña, altura, caminos que pueden cambiar según el clima, antiguos senderos, sitios arqueológicos y zonas donde la orientación y el conocimiento del terreno son fundamentales.
Además, un guía local puede aportar algo que ninguna aplicación de mapas puede ofrecer: la historia del lugar contada por alguien que lo conoce y lo vive.
Quiénes habitaron allí, qué se cultivaba, cómo se criaban los animales, qué caminos utilizaban los arrieros, dónde estaban las antiguas explotaciones mineras o cuáles son las costumbres que todavía forman parte de la vida cotidiana.
Por eso, antes de contratar una excursión de este tipo, vale la pena preguntar por la trayectoria del guía, su experiencia y su habilitación. Y también entender que un buen guía no está necesariamente para hacernos todo.
En las travesías de varios días, por ejemplo, los viajeros pueden participar del armado de las carpas, mientras el guía se ocupa de la logística y de la seguridad. Después vienen las comidas compartidas, las historias y esas charlas de fogón que muchas veces terminan siendo uno de los recuerdos más lindos del viaje.
Porque viajar también es eso: hacer algo que después vamos a tener ganas de contar.
Viajar también es probar lo que se cocina en el lugar

Y si hablamos de conocer una región, la gastronomía también cuenta su historia. En Fiambalá y en los pueblos de la zona aparecen comidas vinculadas con las costumbres y con aquello que históricamente estaba disponible para las familias. Puchero de carne de vaca criolla, locro, mazamorra, cazuela de gallina o pavo criollo, cabrito y chivito son parte de esa cocina.
También aparecen productos de la zona como zapallo, angola, papas andinas, zanahorias y cebollas. Es una cocina sencilla, ligada al territorio y a las formas de vida de quienes habitaron y todavía habitan estos pueblos. Y quizás ahí está otra de las claves para conocer realmente Fiambalá: no quedarse solamente con el paisaje.
La Fiambalá que aparece cuando miramos un poco más allá
Fiambalá tiene sus clásicos y vale la pena conocerlos.
Pero también tiene caminos antiguos, pequeños pueblos, sitios arqueológicos, historias mineras, formaciones geológicas, termas naturales, cabalgatas, trekking, mountain bike y travesías que pueden durar varios días.
Y, sobre todo, tiene personas que conocen ese territorio y pueden ayudarnos a descubrirlo desde otro lugar.
Porque a veces el viaje empieza cuando dejamos de buscar solamente «qué hay para ver» y empezamos a preguntarnos qué historia tiene este lugar, quiénes lo recorrieron antes que nosotros y qué podemos aprender mientras lo caminamos. Y para eso, contar con un guía local puede cambiar completamente la experiencia.
Para tener en cuenta
Las propuestas de Paul Mountain Experience incluyen trekking de diferentes niveles, travesías de varios días, cabalgatas, mountain bike, rappel, prácticas de péndulo, circuitos geológicos, arqueológicos y recorridos por antiguos caminos de la zona.

Algunas experiencias requieren planificación previa y determinadas condiciones físicas. Fiambalá se encuentra a más de 1.500 metros sobre el nivel del mar y varios circuitos se desarrollan en ambientes de montaña, por lo que es importante informarse previamente sobre la dificultad, el equipamiento necesario y las condiciones del recorrido.
Podés encontrar a Paul Mountain Experience en redes sociales y consultar allí las propuestas disponibles y la planificación de cada salida.
Y una última cosa que me quedo de esta charla: cuando un lugar nos regala algo tan extraordinario como un paisaje, una historia, una especie animal o un sitio arqueológico, el verdadero lujo no es llevárselo. Es poder volver algún día y encontrarlo todavía ahí.